¿Cómo son los colibríes tan buenos para volar?

Los colibríes pueden ser heraldos de la primavera y el verano, pero no tienen mucho tiempo para detenerse y oler las rosas. No tienen sentido del olfato, por un lado, y también están demasiado ocupados tragando néctar para alimentar su metabolismo vertiginoso, que es el más rápido de todos los animales de sangre caliente del planeta.

Toda esta energía permite algunas hazañas físicas increíbles. Los colibríes agitan sus alas aproximadamente 80 veces por segundo, respiran 250 veces por minuto y experimentan más de 72, 000 latidos por hora. Algunos también sufren migraciones épicas, como los vuelos sin escalas de 500 millas de colibríes con garganta de rubí a través del Golfo de México o las aventuras de 3.000 millas de colibríes rufos entre Alaska y México.

Debido a que siempre están a solo horas de morir de hambre, los colibríes no pueden permitirse el lujo de dejar de alimentarse cada vez que se desata una tormenta, ni tampoco pueden permitirse errores aéreos mientras zumban en busca de comida. Y así no lo hacen: los colibríes se alimentan incluso con fuertes vientos y lluvia, y rara vez tropiezan o chocan. Para arrojar luz sobre cómo las aves mantienen sus acrobacias aéreas, tanto en condiciones tranquilas como tempestuosas, los biólogos han comenzado a observar más de cerca lo que hace a los colibríes aviadores tan expertos.

Los colibríes, como este sílfide de cola larga, no se dejan intimidar por las gotas de lluvia. (Foto: Martin Mecnarowski / Shutterstock)

En un nuevo estudio, investigadores de la Universidad de Columbia Británica investigaron cómo los colibríes vuelan con tanta precisión en condiciones normales. Colocaron a las aves en un túnel de 5, 5 metros (18 pies), equipadas con ocho cámaras para rastrear su movimiento, luego proyectaron patrones en las paredes para ver cómo se dirigían para evitar colisiones.

"Las aves vuelan más rápido que los insectos, y es más peligroso si chocan con las cosas", dice en un comunicado la autora principal y zoóloga de UBC, Roslyn Dakin. "Queríamos saber cómo evitan las colisiones y descubrimos que los colibríes usan su entorno de manera diferente que los insectos para guiar un rumbo preciso".

Las abejas juzgan la distancia al ver qué tan rápido un objeto se mueve más allá de su campo de visión, señalan los autores del estudio, ya que los objetos cercanos pasan más rápido que los objetos ubicados más lejos en el horizonte. Sin embargo, cuando los investigadores simularon este efecto en las paredes del túnel, los colibríes no reaccionaron. En cambio, las aves parecían depender del tamaño de un objeto para evaluar su distancia, una estrategia que podría ayudar a explicar por qué chocan con menos frecuencia que las abejas.

"Cuando los objetos crecen en tamaño, puede indicar cuánto tiempo hay hasta que colisionan, incluso sin saber el tamaño real del objeto", dice Dakin. "Quizás esta estrategia permite a las aves evitar con mayor precisión las colisiones en el amplio rango de velocidades de vuelo que utilizan". Además de eso, los investigadores también encontraron que los colibríes usan una técnica conocida como "velocidad de imagen" para determinar la altitud, ajustando su vuelo en función del movimiento vertical de los patrones en las paredes del túnel.

Aquí hay un video que muestra los resultados de su investigación:

En otro experimento reciente, los biólogos intentaron aprender cómo los colibríes vuelan tan bien con el viento y la lluvia. Para hacer eso, filmaron las aves con cámaras de alta velocidad en el Laboratorio de Vuelo Animal de la Universidad de California-Berkeley.

Los investigadores utilizaron los colibríes de Anna, una especie común a lo largo de la costa del Pacífico de América del Norte. Una vez que las aves aprendieron a alimentarse de una flor artificial, fueron trasladadas a un túnel de viento y golpeadas con un viento que oscila entre 7 y 20 millas por hora. Sus reacciones se registraron con una cámara de alta velocidad a 1, 000 cuadros por segundo, seguido de otro experimento en el que intentaron alimentar durante una tormenta de lluvia falsa dentro de un cubo de plexiglás. Mira el video a continuación, cortesía de KQED San ​​Francisco:

Mientras que la mayoría de las aves agitan sus alas hacia arriba y hacia abajo, los colibríes se ciernen cerca de las flores aleteando rápidamente en una figura ocho. Como revela el video, pueden adaptarse al viento girando sus cuerpos para acomodar el flujo de aire, una estrategia que quema más energía pero les permite continuar volando en su lugar. Sus ágiles alas y colas también los ayudan a mantener su posición, al menos lo suficiente como para seguir comiendo.

La lluvia simulada tampoco logró disuadir a las aves hambrientas. No solo parecían ignorar el aguacero mientras se alimentaban, sino que incluso se detenían para sacudirse en el aire una vez que se habían saciado. "Sacuden sus cuerpos como perros mientras todavía vuelan", dice el investigador Victor Ortega a KQED, "pero no pierden el control".

Nota del editor: esta historia se ha actualizado desde que se publicó por primera vez en abril de 2015.

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